July 21, 2008
Algunas condicionantes de la marginalidad
La marginalidad por definición es un concepto relativo. Ser o estar al margen, supone un centro en el que no se está o no se es.
La expansión del horizonte geográfico del hombre ha llevado a vincularla con el escenario global y naturalmente con el proceso de mundialización.
Sin embargo es habitual asociar la marginalidad con uno de los aspectos: el de la economía globalizada, y consecuentemente se atribuyen a las condicionantes materiales su principal razón de ser.
Sin duda que las características de los procesos económicos globalizados tienen una notable incidencia en algunas formas de marginalidad. Sin embargo, en un análisis más profundo se pone de manifiesto el carácter epifonoménico de lo económico frente a las raíces de la cultura marginal. Reafirma esta postura el hecho de que no hay una respuesta homogénea frente a una misma situación.
Expresado de otro modo, decimos que la economía globalizada, con la interdependencia de sus efectos, el desempleo estructural, la falacia de la reconversión laboral frente a la proliferación de las nuevas tecnologías, no tiene en sí mismo la repercusión ni los efectos producidos por la denotación constante de una cultura única, válida y directriz con la consecuente postergación o destrucción de las culturas particulares.
Al hombre común, la caída de las Bolsas de Valores en el mundo, y aún en su propio país le llega como una información o dato más, o en el mejor de los casos como una experiencia distante, sin una verdadera resonancia afectiva. Sin duda que para una comunidad las variaciones del índice Merval no tiene la misma trascendencia que una huelga de recolectores de basura, o un corte prolongado de luz, y ésto es lo que al ciudadano realmente le llega.
Los hechos asociados a la cultura, es decir a los valores y aún más a los valores preventivos y de sobrevivencia que se relacionan con la cotidianeidad de los pueblos, forman parte de la realidad real, permítasenos la tautología, en contraposición a la realidad virtual que mueve a los hombres en una frecuencia diferente, con una resonancia distinta y una extraña forma de convivencia y solidaridad.
La pobreza extrema, la mutilación de la identidad de hombres y comunidades enteras y la cancelación de cualquier forma de esperanza para construir un proyecto común y propio, son los factores en los cuales se puede encontrar la explicación de un sinnúmero de acciones individuales y colectivas de corte irracional.
LAS PARADOJAS DE LA CULTURA GLOBAL
Las tecnologías mediáticas han puesto en evidencia de un modo muy claro la existencia del centro y del margen, ésto se expresa en forma de paradojas:
:Información y Analfabetismo.
Vigencia y Obsolescencia.
Identidad y Anonimato.
Para poder entender estas paradojas es imprescindible tener en claro que los conceptos de centro y de margen remiten a los de pertenencia y referencia.
Toda organización humana, tiene un “adentro y un afuera”. La pertenencia de sus miembros a ella, se expresa de muy diferentes maneras. De igual modo la cohesión entre ellos es indicador de una cierta convivencia. Ambos “pertenencia y cohesión” son fuerzas centrípetas.
El afuera es “fascinación y temor”, y del juego de ambos “afuera y adentro” se han ido sucediendo los cambios de la comunidad humana. Identidad y cambio son enormes desafíos que seducen o arrastran a los hombres.
¿Qué significan hoy el afuera y el adentro de una comunidad?
Antes de la proliferación de las nuevas tecnologías, “el adentro”, era lo que realmente se vivía, y “el afuera”, la referencia. Hoy de algún modo la pertenencia es estar “afuera”, o en el peor de los casos, estar dispuesto a estarlo
Pertenecer al mundo es estar informado, lo que se constituye en una forma de vigencia y redunda en una cierta identidad.
Por lo opuesto, la desinformación es:
analfabetismo, al no participar de un código compartido.
obsolescencia por el no uso de los medios tecnológicos y sus productos
anonimato. al carecer del perfil de singularidad mínimo para ser interesante.
La percepción global, predominantemente sensorial, es un bombardeo constante de datos que no llegan a ser incorporados a través de un proceso de aprendizaje al bagaje cultural, sino que son rápidamente substituidos por otros. La pérdida de vigencia, es decir de actualidad, es la amenaza permanente.
Pertenecer al centro es no dejar de estar informado y vigente; en resumen, :ser alguien.
Estar al margen, entonces, es no pertenecer al cauce de la cultura global que es el referente.
La cultura global ha transformado las dimensiones de lo extraordinario. Mientras que en cada cultura particular la vivencia de lo que no era habitual tenía carácter de: abarcable, directa, provinciana y situada, hoy la experiencia emocional es ajena, distante e impropia, pero intensamente fascinante.
El hombre y su comunidad sucumben a la pérdida de las fronteras de lo propio y singular y a limitar su participación a la categoría de espectadores.
Sin embargo, lo que en muchos casos parece una claudicación con la apariencia mansa de formas aceptadas de vida no son sino latencias que estallan de manera diversa, violencia contra lo extraño, la aventura de las drogas, o de los sectarismos.
“ A los que dependen de un salario para comer y a los que gozan de bienestar les tortura el mismo sentimiento impreciso e insistente de no pertenecer propiamente a este mundo, de estar excluidos de la vida auténtica.”1
La postergación de la cultura propia es en alguna medida la distorsión y pérdida de la identidad.
Los patterns de conducta en cada cultura, de cómo hay que vivir en la rutina de todos los días y en la fascinación de lo extraordinario, constituyen lo medular y permanente. La pertenencia a una cultura es un hecho vivencial, los excesos, los miedos, las catástrofes, las bonanzas, siempre han existido en cualquier grupo humano, y probablemente por ello y para ello se organizaron.
La cultura única forma parte de una gigantesca irrealidad de la que se hace difícil escapar. La huida muchas veces se concreta a través de la espectacularidad, la búsqueda de sensaciones extraordinarias, que den entidad y presencia en un escenario en el que es cada vez más difícil tenerlas.
Ser percibido de cualquier manera, es ser. No ser percibido, significa quedarse afuera, ser marginal. Personas, regiones enteras del mundo, culturas particulares son apartadas del ámbito de la opinión pública internacional.
Estar marginado ya no se limita a los económicamente carenciados. Aparece en aquellos que han sido estafados en su singularidad como grupo humano. La marginalidad también se manifiesta en los que se sienten que viven una vida inauténtica, empleados o desempleados.
La percepción cabal de todo lo que hay que postergar, cambiar y privarse, convierten la marginación en una circunstancia económica, física, psíquica y hasta metafísica.
CULTURA ÚNICA Y XENOFOBIA
El alcance mundial de la información ha creado la ficción de la cultura única basada en unos pocos factores relativos a formas de mercado y formas de consumo.” La difusión mundial de la cultura comercial es nociva porque arrasa con las peculiaridades culturales y uniforma por abajo en lugar de favorecer el acceso universal a la cultura superior”2
Esta cultura única también ha transformado la antigua concepción de mercado, como el lugar donde se daban los hechos sociales fundamentales de la comunidad, no solamente las relaciones de intercambio.
“El mercado siempre ha estado rodeado de un halo de espectacularidad. Donde hay un mercado, hay mercaderes, pregoneros y charlatanes, hay la imperiosa necesidad de ensalzar las mercancías propias como si fueran cosas extraordinarias. El brillo de lo extraordinario forma parte de la presentación habitual de las mercancías, como el ruido de las herramientas forman parte del trabajo. Pero allí donde el mercado se convierte en condición general de vida, donde arrastra a todos los productos y productores, los encumbra o los rebaja como mercancía, los acepta o los rechaza y se eleva con ello al rango de destino, su forma de presentar lo extraordinario se convierte en el cuño que imprime todo lo extraordinario.”3
Cuando los valores, los ideales y los proyectos se homogeinizan supeditados a esta cultura única, las culturas particulares se resienten y el estar al margen, ya no se limita a los económicamente débiles, a los sin trabajo, sino que castiga a toda la comunidad.
Las culturas particulares confrontan con la cultura única sus principios, sus valores y todo su capital histórico – cultural. Estos aspectos constituyen la genuina identidad de los pueblos.
También en el ámbito de lo individual, la configuración de la identidad personal es un proceso social que se inicia en el grupo primario: la familia.
La familia es quien trasmite vivencialmente los valores y los ideales de su comunidad.
Despojarse de la historia, es privarse de la memoria y sin memoria la identidad flaquea.
Cuando un pueblo necesita una identidad rígida y dogmática es síntoma de debilidad, de haber sido vulnerado en sus necesidades esenciales; el otro, el extraño, no se incorpora naturalmente a la convivencia sino que adopta la categoría de enemigo.
Lo extraño es fascinación y rechazo al mismo tiempo. Recordemos cómo trasmite este sentimiento, Gabriel García Márquez en “Cien años de Soledad”, cuando Macondo se conmocionaba periódicamente, con la visita de Melquíades el fabricante de hielo. Mientras la familia de los Buendía podía “convivir” sin sorpresa alguna con un antepasado muerto mucho tiempo atrás y que habitaba en el patio del fondo, resistiéndose a aceptar otra forma de eternidad.
La marginalidad y la xenofobia son dos caras de una misma moneda, ambas emparentadas con lo que conocemos como racismo. El racismo es más extenso que la xenofobia, pero ambos términos se remiten a lo extraño, a lo diferente.
¿Cómo se entiende en un mundo tan intercomunicado, tan saturado de información, donde parece imposible no estar familiarizado con toda la geografía, que estén tan fuertemente enraizados sentimientos sectarios, xenofobias, racismos, fundamentalismos, etc. etc.?
“Una de las principales causas de intensificación del racismo en Europa y de la creciente animosidad hacia los extranjeros es la velocidad de la evolución cultural, la velocidad conque cambian las formas de vida, los planteamientos políticos, la imagen del adversario y los paradigmas. La realidad es menos previsible que nunca. Para orientarnos necesitamos un punto de referencia. Si no logramos orientarnos sentimos miedo. A esto se suma una dramática transformación económica y un cambio en nuestra comprensión del trabajo.” 4
En todas las culturas hay indicadores de xenofobia, de racismo y por cierto, consecuentemente existe la marginalidad.
El panorama mundial da cuenta de la vigencia de estos problemas, con apariencias distintas, pero de esencia similar.
Los nacionalismos son hermanos gemelos de los racismos, y es sumamente importante para la comprensión del problema de la destrucción de las identidades étnicas.
Lo étnico es identificación y pertenencia a una determinada cultura, historia y región; esta pertenencia implica privilegios, seguridad y sentimientos de patria. Lo nacional es siempre más lábil y cuando las estructuras nacionales se debilitan, surgen los recursos racistas, xenofóbicos y sus concomitantes, los marginales.
Sin embargo creer que las tradiciones forman parte de la masa hereditaria puede perfectamente utilizarse como argumento de una ideología racista.
Por suerte el hombre tiene una importante aptitud para lo nuevo tanto como para la historia. Reescribir la historia es también permitirse adquirir nuevas tradiciones.
El respeto por las culturas particulares es tan importante como la capacidad de adaptación a las nuevas tecnologías. En un debate académico llevado a cabo en Harvard hacen menos de quince dias Samuel Huntington Director de la Academia de Estudios Internacionales de la Universidad de Harvard y uno de los distinguidos participantes dijo: “Es la cultura y sus valores, más que la política lo que determina el progreso de las naciones y delos seres humanos en general.” Y agrega “No sólo la cultura juega en favor del progreso, sino que, con una acertada acción social se puede acelerar el avance sin producir experiencias dramáticas.”
Escrito por: Martha Zarifz
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