July 21, 2009

Editorial – Diciembre 2007 – Juventud ¿divino tesoro?

Queremos agradecer los numerosos comentarios referidos a la entrevista que le hiciéramos en la edición de Octubre al Lic. Sergio Balardini, Director de Proyectos y experto en Juventud de la Fundación Friedrich Ebert. Como sector estratégico de nuestra sociedad que actúa en el presente y se proyecta hacia el futuro pensar en los jóvenes nos obliga a no quedarnos solo en la coyuntura sino a apuntar también al mediano y largo plazo. En este sentido no podemos dejar de considerar que este sector no ha quedado al margen de las últimas crisis que hemos vivido y por lo tanto del deterioro que aún siguen reflejando las estadísticas respecto del empleo, la educación y la salud por solo considerar algunas variables. Quisiéramos destacar que dicho deterioro ha sido el resultado de decisiones de política pública, o la falta de ellas, tomadas mayoritariamente por parte de los adultos. Creemos que sincerar esta cuestión nos permitirá a jóvenes y adultos trabajar juntos en la búsqueda de las soluciones que hoy nos faltan y pasar de políticas “para los jóvenes” a políticas “con los jóvenes” y “desde los jóvenes”, avanzar en este sentido contribuirá a reforzar la construcción de ciudadanía que nuestro país necesita como así también a mejorar cualitativamente las políticas públicas que se ejecutan. Este camino propuesto ya ha sido recorrido por otras sociedades, como la española, a través de los Consejos de la Juventud (ver www.cje.org) cuya característica principal ha sido la de nuclear en ellos a las distintas organizaciones juveniles de la Sociedad Civil, Gremiales, Políticas, Empresariales, etc. e interlocutar con el Estado proponiendo, reclamando, estudiando e inclusive llevando adelante acciones sobre los distintos temas de política pública dirigida a los jóvenes. Este modelo, que luego fuera adoptado con características propias y con mayor o menor suerte en varios países latinoamericanos, fue receptado en el artículo 40 de la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sancionada en el año 1996, de la siguiente manera: “La Ciudad garantiza a la juventud la igualdad real de oportunidades y el goce de sus derechos a través de acciones positivas que faciliten su integral inserción política y social y aseguren, mediante procedimientos directos y eficaces, su participación en las decisiones que afecten al conjunto social o a su sector. Promueve su acceso al empleo, vivienda, créditos y sistema de cobertura social. Crea en el ámbito del Poder Ejecutivo y en las Comunas, áreas de gestión de políticas juveniles y asegura la integración de los jóvenes. Promueve la creación y facilita el funcionamiento del Consejo de la Juventud, de carácter consultivo, honorario, plural e independiente de los poderes públicos.”
Cabe considerar una diferencia importante con España, en lo que respecta al rol asumido por los adultos, mientras allí existió la decisión política de generar los Consejos de la Juventud en todo el país, aquí, en el único distrito que le dió rango constitucional, se tardaron nueve años para que la Legislatura sancionara una ley para su creación, 1865 del año 2005, pero aún hoy a once años del mandato constitucional y dos de la sanción de la ley el Consejo sigue sin crearse. Refuerzan este análisis los datos recabados en el trabajo realizado por la Plataforma Federal de Juventudes de la Argentina, la Organización Iberoamericana de Juventud, la Fundación Friedrich Ebert y otras instituciones durante el proceso electoral presidencial próximo pasado en donde se consultó a mas de veinticinco mil jóvenes de todo el país para conocer su opinión sobre diversos temas de la agenda pública: cuestiones relacionadas con el medio ambiente, el trabajo, la salud, la educación, la familia y otras que quisiéramos destacar en esta editorial como: “la democracia no se negocia”, “a las y los jóvenes no nos tienen en cuenta a la hora de definir cosas importantes”, “me gustaría conocer mas de las acciones del gobierno para las y los jóvenes”, resultaron prioritarias para ellos. Esto nos lleva a preguntarnos si no será hora de dejar de lado los discursos grandilocuentes sobre el rol de los jóvenes en el futuro y en vez de ello involucrarlos en las decisiones del presente para que de esta forma podamos realmente tener un país mejor mañana. De nosotros también depende.

Escrito por: Mariano Isas

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