July 21, 2008
Reflexiones: “La política y los Valores”

Se me ocurrió realizar una breve reflexión acerca de la relación entre política y valores. Hoy es muy común y hasta está de moda recibir invitaciones a charlas con el objetivo de pensar acerca del Bicentenario. ¡Qué bueno que podamos sentirnos responsables de la llegada del segundo centenario de vida de la Revolución e Independencia! Pero analizando las temáticas a debatir, me encuentro con que son una mera revisión de lo que ya está, con la intención de analizar la posibilidad de modificarlo. Suena hasta aburrido ¿No? Pero noten esta curiosidad: La palabra “valores” no entra en ningún panel ni debate del bicentenario. ¿Por qué será?
Antes de seguir reflexionando, comencé a buscar en el diccionario de la Real Academia Española las definiciones de las dos palabras protagonistas de esta reflexión: “Política” y “Valor”. Las leí a todas, pero escogí sólo cuatro de cada una.
Comencemos a espiar las acepciones de “política”:
1. Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados.
2. Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos.
3. Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo.
4. Cortesía y buen modo de portarse.
Y las de la palabra “valor”…
1. Grado de utilidad o aptitud de las cosas, para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite.
2. Subsistencia y firmeza de algún acto.
3. Fuerza, actividad, eficacia o virtud de las cosas para producir sus efectos.
4. Persona que posee o a la que se le atribuyen cualidades positivas para desarrollar una determinada actividad.
Hasta aquí las acepciones…ahora queda unirlas ¿Verdad?
Me gustaría armar una verdadera comunión de palabras, a pesar que cada una por sí misma tiene una entidad suficiente para auto valorarse.
¿Por qué digo esto? Porque noten que la palabra “política” por sí misma, contiene valores. Voy a realizar el siguiente ejercicio para explicarlo mejor: enunciaré su significado, utilizando las cuatro acepciones de tal manera que sólo quede una.
La “Política” es el arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados, cuya actividad – imbuida de la cortesía y del buen modo- es la realizada tanto por quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos, como por quienes, en calidad de ciudadanos, intervienen en los asuntos del Estado con su opinión, voto o de cualquier otro modo.
Como podemos ver, la misma definición lograda a partir del diccionario, da cuenta de ciertas premisas básicas y fundamentales para entender a la política, como ser: el buen modo, la participación del pueblo directa e indirectamente y el manejo de lo público y del Estado. Hasta aquí no necesitaríamos agregar la palabra “valor”, ya que así entendida, constituye en sí misma una valoración aceptable.
Pero qué pasa si realizo el mismo ejercicio con la otra definición. Veamos.
El “valor” es el grado de utilidad o aptitud de las cosas, para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar, que a la vez, colma de firmeza, eficacia y virtud a los actos para producir sus efectos, infundiendo en la persona que lo posee cualidades positivas para desarrollar una determinada actividad.
Ahora que leo mi definición, me doy cuenta que, en realidad, el concepto de política se vería fortalecida con el alcance de la palabra valor, ya que esta última contiene importantes condimentos como ser la satisfacción de las necesidades, proporción del bienestar, eficacia en los actos, y las cualidades positivas.
¿Cómo quedaría entonces una definición global de estas dos palabras que hoy traigo a ustedes?
Veamos… Podría ser la siguiente:
“La política y los valores” es la combinación ideal en la cual el arte referente al gobierno de los Estados resulta una actividad con un grado de utilidad o aptitud suficiente de las cosas para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar. Dicha acción es realizada tanto por quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos, como por los ciudadanos que intervienen en los asuntos del Estado con su opinión, voto o de cualquier otro modo, portando en sí la firmeza, eficacia y virtud necesarias para producir sus efectos, infundiendo además, en la persona que lo posee, cualidades positivas.
En este camino hacia el Bicentenario, deseo que todos podamos sentirnos protagonistas del cambio. Cumplir doscientos años no es poca cosa, pero tampoco mucho. Hay otros países que llevan milenios aprendiendo cómo gobernar, ser gobernados y desarrollarse. Nosotros tenemos la ventaja, así como la tienen los niños, de ser jóvenes aún. ¿Pero hasta dónde la indulgencia? Los argentinos somos muy rápidos en aprender pero muy perezosos en provocar el cambio. Nos sentimos más cómodos quejándonos, debatiendo y denunciando. Pero el camino correcto, que nos llevará a la verdadera Independencia y Revolución, como aquel 25 de mayo de 1810, es el facilitador de una realidad con política (con todo su significado) y con valores (en la pluralización del término estudiado).
¡Empecemos a transitar el camino más difícil y largo, pero el ciertamente positivo para nuestra joven Argentina!
Hasta la próxima,
Nínawa
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Ninawa daher es Abogada, Diploma de Honor (2003, UBA), Periodista (Canal 7 y C5N), Presidente de la Juventud de FEARAB Buenos Aires, Coordinadora de la Juventud en ADISC y en el Foro Socio Cultural de Buenos Aires. Secretaria de Desarrollo Socio Cultural de la Mesa de Concertación Juvenil de la Ciudad de Buenos Aires.
Escrito por: Ninawa Daher
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